Cómo afecta la música clásica a los niños
Seguimos con la música, de cómo afecta a nuestro estado de ánimo y a las embarazadas, ahora hablamos de los más pequeños
Entre todos los géneros musicales, la música clásica ocupa un lugar especial por su complejidad, riqueza sonora y capacidad de evocar emociones profundas. Pero, ¿qué sucede cuando los niños escuchan música clásica? ¿Tiene efectos reales en su desarrollo cognitivo y emocional?
Antes de hablar de sus efectos, es importante definir a qué nos referimos con «música clásica». Aunque muchas veces usamos el término para referirnos a cualquier música instrumental antigua o sofisticada, en sentido estricto se refiere a la música compuesta entre los siglos XVII y XIX, con figuras como Mozart, Beethoven o Vivaldi.
Este tipo de música se caracteriza por su estructura armónica, la variedad de instrumentos, su ritmo equilibrado y la complejidad de sus melodías. Todos estos elementos pueden tener un impacto interesante en el cerebro, especialmente en etapas tempranas del desarrollo.
Un aspecto importante que considerar es que no todos los niños reaccionan igual ante la música clásica. Algunos pueden encontrarla aburrida o demasiado lenta, especialmente si no han sido expuestos a ella con anterioridad. Forzar su escucha podría generar el efecto contrario: rechazo o indiferencia.
Lo ideal es que el acercamiento sea natural y positivo. Por ejemplo, se puede usar música clásica como fondo mientras dibujan, leen o hacen tareas tranquilas. También existen versiones adaptadas para niños, como cuentos musicales o arreglos animados de obras conocidas, que pueden servir de introducción lúdica.
Beneficios cognitivos
Uno de los mitos más populares sobre la música clásica es que puede hacer que los niños sean más inteligentes. Esta creencia se popularizó en los años 90 gracias a un estudio que se conoció como “el efecto Mozart”. La investigación se publicó en 1993 en la revista Nature, y sugería que escuchar la música de Mozart podía mejorar temporalmente el rendimiento en tareas de razonamiento espacial.
Sin embargo, con el tiempo, otros estudios han matizado esta afirmación. Aunque algunos resultados muestran mejoras breves en la concentración o en habilidades específicas, como las matemáticas o la memoria a corto plazo, no hay evidencia concluyente de que escuchar música clásica de manera pasiva aumente permanentemente la inteligencia.
Lo que sí está claro es que la música, en general, estimula diversas áreas del cerebro, especialmente si el niño no solo escucha, sino también participa activamente, por ejemplo, tocando un instrumento o cantando.
Desarrollo emocional y bienestar
Uno de los efectos más notables de la música clásica en los niños tiene que ver con el ámbito emocional. La música tiene un poder único para calmar, emocionar o estimular. En muchos niños, especialmente en edades tempranas, la música clásica puede ayudar a:
- Reducir el estrés y la ansiedad. Algunas composiciones lentas, como los adagios de Bach o los nocturnos de Chopin, pueden inducir estados de relajación.
- Mejorar el sueño. Escuchar música clásica suave antes de dormir puede ayudar a establecer rutinas nocturnas más tranquilas.
- Favorecer la concentración. Algunas obras con estructuras repetitivas y armonías suaves pueden mejorar la atención en tareas escolares o de lectura.
Además, al estar expuestos a distintas emociones a través de la música, como alegría, tristeza, tensión y calma, los niños aprenden a identificar y expresar sus propios sentimientos, desarrollando así su inteligencia emocional.
Estimulación del lenguaje y la memoria: educación musical
Estudios neurocientíficos han demostrado que la exposición a la música puede ayudar en el desarrollo del lenguaje. El ritmo y la melodía favorecen la discriminación auditiva, es decir, la capacidad de diferenciar sonidos, un paso clave en la adquisición del habla.
La música clásica, con sus patrones sonoros variados pero estructurados, puede ser especialmente útil en este sentido. Algunos especialistas la recomiendan como herramienta complementaria en terapias del lenguaje, o incluso para niños con trastornos del espectro autista.
También se ha observado que escuchar música repetidamente puede fortalecer la memoria auditiva. Muchas canciones clásicas se componen de frases musicales que se repiten y varían, lo cual estimula la retención y el reconocimiento de patrones, habilidades que también se usan en el aprendizaje de la lectura y las matemáticas.
Los beneficios más amplios no provienen solo de escuchar música clásica, sino de interactuar activamente con ella. Aprender a tocar un instrumento, cantar en coro o asistir a conciertos infantiles puede tener un impacto aún más profundo en el desarrollo del niño.
Estas experiencias no solo mejoran habilidades cognitivas y emocionales, sino también sociales, como la cooperación, la disciplina y la perseverancia.
Además, el contacto temprano con diferentes formas de arte, incluida la música clásica, contribuye a desarrollar el gusto estético y la sensibilidad cultural, algo cada vez más valorado en la educación moderna.
Como padres, educadores o cuidadores, fomentar un entorno en el que los niños puedan disfrutar de la música (clásica o no) es una forma sencilla y efectiva de estimular su crecimiento. La clave está en ofrecer opciones, observar sus reacciones y, sobre todo, permitir que la música sea una fuente de placer, descubrimiento y conexión.

