Fundación Theodora
Los profesionales de la Fundación Theodora ayudan a humanizar la situación de los niños hospitalizados
La Fundación Theodora nació en 1993 en Suiza de la mano de los hermanos André y Jan Poulie, que quisieron transformar en proyecto social la experiencia de André como niño hospitalizado y el consuelo que le procuraban las visitas de su madre, Théodora. De ese recuerdo nace una misión muy concreta: aliviar, con arte y humor, el impacto de la hospitalización en la infancia y la adolescencia. La organización española se constituyó jurídicamente en el año 2000 y, desde entonces, ha extendido su labor por todo el país en colaboración estrecha con los equipos pediátricos de numerosos hospitales.
Modelo de actuación de la Fundación Theodora
El modo de actuar de Theodora es tan sencillo de entender como exigente de ejecutar: artistas profesionales (conocidos como Doctores Sonrisa) realizan visitas individuales a niños ingresados, crean vínculos desde la escucha y la improvisación, y ajustan cada intervención a la situación clínica y emocional del menor y su familia. No se trata de entretener sin más, sino de humanizar la experiencia hospitalaria con recursos artísticos, formación psicosanitaria y coordinación con el personal de cada planta. La propia fundación subraya que sus procesos apuestan por la calidad y la transparencia, y que el trabajo en sala se rige por protocolos y estándares que la han llevado a participar en la Federación Europea de Organizaciones de Payasos de Hospital (EFHCO), de la que Theodora es miembro fundador y cuyo sello de calidad renueva mediante auditorías periódicas.
Con el tiempo, esa misión se ha desplegado en programas específicos que responden a momentos muy distintos del proceso asistencial. El programa Planta articula las visitas semanales en habitaciones, donde el artista trabaja uno a uno con el menor y acompaña también a su familia, favoreciendo una descarga emocional útil para todos. En Acompañamiento Quirúrgico, activo en España desde 2010, los Doctores Sonrisa rebajan el estrés perioperatorio acompañando al niño y a sus padres en la antesala, el despertar y las esperas, siempre en coordinación con el equipo de quirófano.
Diferentes propuestas y modelos
VIVIR es una propuesta que nació durante la pandemia y ha consolidado las visitas por videollamada, ampliando el alcance a hospitales y familias alejadas de los grandes núcleos; su versión VIVIR+ combina esa atención virtual con intervenciones presenciales y kits de bienvenida. En el ámbito de la discapacidad, Capaces de sonreír incorpora a los llamados Señores Sonrisa en centros de atención temprana y educación especial, mientras que Respiro ofrece actividades de ocio inclusivo para el alumnado con necesidades complejas, al tiempo que concede tiempo de descanso a sus cuidadores principales.
El alcance en España da una idea de la madurez del modelo. La fundación cifra su actividad anual en decenas de miles de visitas y mantiene una presencia estable en más de sesenta hospitales y centros especializados, con un equipo cercano a una treintena de artistas dedicados a esta tarea. Esa capilaridad se sostiene en alianzas con servicios de pediatría, unidades de cirugía y centros de educación especial de distintas comunidades autónomas. A nivel internacional, la casa matriz en Suiza coordina una red hermana en Italia, España y Reino Unido, y apoya proyectos en otros países, lo que refuerza el intercambio de buenas prácticas y el crecimiento profesional de los equipos.
¿Cómo se dirige una organización así?
La gobernanza en España se estructura en torno a un Patronato que se reúne dos veces al año, aprueba presupuestos y cuentas y vela por el cumplimiento de la misión, los estatutos y el código ético. El Patronato está presidido por André Poulie y cuenta, entre otros, con Jan Poulie y profesionales vinculados al ámbito sanitario y social. La gestión cotidiana recae en un equipo ejecutivo con Dirección General, Dirección de Fundraising y Comunicación, Dirección de Programas y Coordinación de Calidad Artística, además del personal de administración y voluntariado. El organigrama se completa con el colectivo de Doctores Sonrisa, que reciben formación continua en temas psicosanitarios y artísticos, con seminarios periódicos y sesiones de actualización. El conjunto remite a una organización con base legal clara y procesos de calidad que cruzan departamentos.
Los objetivos de Theodora son transparentes: crear momentos de juego, evasión y alivio para los menores ingresados y sus familias; reducir el miedo y la ansiedad vinculados a pruebas y cirugías; y apoyar, desde el arte, el trabajo de los equipos clínicos. No cobra por sus visitas y las integra en la dinámica asistencial del hospital, algo que ya subrayaba la Casa de S.M. el Rey al referirse al impacto de la fundación en su primera década en España. El encaje europeo de ese objetivo, a través de EFHCO, sitúa a Theodora en un marco de estándares y auditorías que refuerzan su profesionalidad.
Actos recientes y campañas de la Fundación
Las campañas y actos recientes ilustran cómo esa misión se sostiene y se hace visible. En 2025, la fundación celebró sus bodas de plata en España con un encuentro en la residencia del embajador suizo, en el que participaron su fundador, parte del Patronato y profesionales sanitarios afines; el propio embajador había reconocido meses después el valor de la labor de Theodora ante cientos de asistentes. También en 2025, una campaña de Domino’s Pizza permitió financiar miles de visitas, con un efecto medible sobre niños, familias y personal hospitalario.
Durante la pandemia, y después, el programa VIVIR consolidó otro frente de acción, que se ha combinado con colaboraciones como la de Grifols para llevar a los Doctores Sonrisa a la Casa de Sofía, centro de referencia para niños con cronicidad compleja. Junto a esas alianzas corporativas, la fundación promueve actos de sensibilización como el Día del Niño Hospitalizado, con materiales educativos y actividad en centros escolares, y fortalece su línea de discapacidad con la segunda edición de Respiro en el Colegio de Educación Especial del Hospital San Rafael.
Treinta años después de aquel recuerdo de infancia convertido en propósito, Theodora ha demostrado que la imaginación también cura: no sustituye a la medicina, pero la acompaña y la hace más humana. Su historia, su estructura de gobierno y su forma de trabajar sostienen un modelo replicable que ha sabido ajustarse a los tiempos sin perder el enfoque en lo esencial: que ningún niño o adolescente se quede sin su ventana de juego en el hospital.