Medicina

El dolor lumbar prolongado sin causa justificada debe hacer sospechar sobre la posibilidad de padecer espondilitis anquilosante

Se estima que unas 100.000 personas padecen en España esta enfermedad autoinmune, que se diagnostica de forma tardía, principalmente en gente joven

El pasado 4 de mayo se celebró el Día Mundial de la Espondilitis anquilosante, una dolencia de carácter crónico que es mucho más que un simple dolor de espalda y que pueda llegar a resultar incapacitante. Se caracteriza por un proceso inflamatorio que afecta a toda la columna vertebral y comienza por las articulaciones sacroilíacas (las que unen la pelvis con la parte inferior de la columna). Se estima que la padecen en España más de 100.000 personas, sobre todo personas jóvenes, y uno de los factores más decisivos para su evolución es el diagnóstico precoz, razón por lo que los cirujanos de la Sociedad Española de la Columna Vertebral GEER recomienden estar muy atentos. “El dolor lumbar prolongado sin causa justificada en una persona joven debe hacer sospechar sobre la posibilidad de padecer espondilitis anquilosante”, explica su presidente, el Dr. Luis Álvarez Galovich.

Luis Álvarez Galovich, presidente de GEER

El diagnóstico, sin embargo, no es sencillo, pues los síntomas son muy inespecíficos y las imágenes radiológicas que se utilizan para la detección de la enfermedad pueden ser inicialmente normales. Incluso cuando generan fracturas de columna, momento en el que debe intervenir el especialista de la columna, estas pueden pasar inadvertidas por sus características especiales. Normalmente, es una prueba genética la que ayuda a confirmar el diagnóstico: más del 90% de los pacientes son positivos para HLA-B27.

Detectar precozmente la enfermedad e iniciar pronto el tratamiento es crucial para evitar las secuelas más graves de esta enfermedad, que puede llegar a dejar al paciente en silla de ruedas.

De ahí que los especialistas del GEER incidan en la importancia de las acciones de tipo educativo y de concienciación. Cuando llegan los pacientes al reumatólogo, el especialista encargado de su diagnóstico, a veces es tarde. Acuden tras malinterpretar sus síntomas como meros dolores de espalda con los que se han acostumbrado a convivir, a pesar de la afección que supone a sus actividades cotidianas en un momento además clave de sus vidas en el que están finalizando sus estudios o iniciando su carrera laboral o simplemente empezando a vivir de forma autónoma.

La evolución de la enfermedad es por lo general lenta y alterna períodos asintomáticos con otros inflamatorios. Son factores de peor pronóstico el inicio muy temprano de la enfermedad, durante la adolescencia, la afectación severa en los primeros die años y la escasa respuesta al tratamiento con antiinflamatorios. La buena noticia es que los nuevos tratamientos biológicos han mejorado el pronóstico de esta enfermedad cuando los antiinflamatorios no resultan eficaces, reduciendo el porcentaje de pacientes en los que la capacidad funcional queda severamente afectada, porcentaje que se estimaba en el 20%.

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