Declaración de Málaga 2022. Estándares para la Educación Médica en el Grado: pensando en el futuro.

Se ha presentado el documento “DECLARACIÓN DE MÁLAGA 2022. Estándares para la Educación Médica en el Grado: pensando en el futuro” promovido desde la CNDFME y SEDEM

El principal objetivo de la Educación Médica es la mejora de la salud de las personas. Es necesario proporcionar a los futuros médicos la mejor formación científica, profesional y humana posible, para que sean capaces de solucionar los problemas de salud, en un itinerario coordinado y continuado que se inicia con el Grado y la Formación Sanitaria Especializada, seguida por un Desarrollo Profesional Continuo.

Para la mejora de la calidad educativa, son componentes indispensables la monitorización de los resultados del aprendizaje, la autoevaluación y la evaluación externa, así como la formación en educación médica de los docentes.

Las instituciones y organizaciones firmantes, implicadas en la enseñanza-aprendizaje de la profesión médica, proponen las siguientes recomendaciones para mejorar la formación médica del Grado en un contexto global, nacional e internacional, respetando la autonomía de cada universidad.

Contexto actual

I. Se han cumplido más de diez años de la convergencia en el Espacio Europeo de Educación Superior y de la implantación de los nuevos títulos de Grado. Momento para realizar una reflexión sobre el modelo de docencia y para definir las competencias en las que debemos formar a los futuros profesionales en el horizonte 2030-2040, partiendo de la Orden ECI/332/2008.

II. El desarrollo de la biomedicina, la aparición de las ciencias ómicas, la introducción de las ciencias de la computación, la IA y las tecnologías de la comunicación en la práctica de la medicina crean la necesidad de replantearse la metodología de aprendizaje y la incorporación de nuevas materias en la formación de grado y posgrado.

III. Las universidades tienen ante sí el reto fundamental de transformar sus formas de aprendizaje y de enseñanza. Debe contemplarse la formación en competencias transversales que se corresponden con los principios y valores democráticos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

IV. La educación médica del Grado se continúa y forma para la de Posgrado, consistente en la mayoría de las ocasiones en la Formación Sanitaria Especializada, para la que se han definido los ámbitos de competencias comunes.

V. La ratio estudiante/profesorado debe disminuir de forma relevante, en consonancia con las características de la docencia en el Grado. Se ha producido una reducción generalizada y muy significativa del profesorado permanente en esta década.

VI. Las Universidades participan de manera progresiva en los procesos para la obtención del Sello Internacional de Calidad por la World Federation for Medical Education (WFME) que se plantea con cuatro objetivos:

  1. Establecer un marco para el desarrollo curricular, modificado o complementado.
  2. Formular planes de estudio que puedan ser modificados.
  3. Implantar un sistema de evaluación, acreditación y/o reconocimiento.
  4. Salvaguardar la práctica en medicina para un personal médico móvil a nivel mundial.

Cómo podemos avanzar

Las facultades, responsables de los títulos de Grado, deben procurar adaptar su docencia a los mejores estándares en Educación Médica, proponiéndose las siguientes recomendaciones, que -por otra parte- se encuentran alineadas con las recomendaciones que la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) viene señalando en sus informes de evaluación externa:

I. Sobre el diseño y desarrollo curricular:

  • Hacer explícita una declaración de misión y objetivos que guíe la propuesta de contenidos, desarrollo y metodologías curriculares.
  • Definir el modelo curricular más apropiado para cada centro.
  • Impulsar el uso de metodologías docentes innovadoras promoviendo la asistencia a las actividades programadas y fomentando la participación activa del estudiantado.
  • Entre esas metodologías se encuentran: aula invertida, trabajo por proyectos o casos prácticos y trabajo colaborativo y cooperativo entre otras.
  • El uso de estas metodologías dependerá de las competencias a adquirir, los objetivos docentes, los recursos humanos existentes y las evidencias científicas que las sustentan.
  • Aprovechar el uso de tecnologías digitales de la información y de la comunicación.
  • Se debe dar mayor importancia a la comunicación y desarrollar estrategias que fomenten la comunicación efectiva entre profesionales y también con el paciente.
  • Es fundamental que las asignaturas de áreas de conocimiento básicas, tengan una clara orientación médica.
  • Fomentar la integración/coordinación entre áreas de conocimiento, el trabajo multidisciplinar, priorizar las experiencias activas frente a conceptos abstractos y la simple observación y el componente traslacional del proceso educativo.
  • Establecer procedimientos de integración/coordinación horizontal y vertical más eficaces que faciliten la consecución de los objetivos docentes y eviten solapamientos.
  • Valorar adecuadamente las horas de trabajo que suponen las actividades académicamente dirigidas, y las horas de autoaprendizaje.
  • Adaptar el mapa de competencias a adquirir.
  • Fomentar la práctica reflexiva, como elemento dirigido a la mejora continua y la seguridad del paciente.
  • Profundizar en la educación interprofesional, el valor de la colaboración y del trabajo en equipo.
  • Es necesaria una mayor coordinación entre el Grado y la Formación Sanitaria Especializada para definir mejor las competencias, habilidades y destrezas.

II. Sobre el proceso de evaluación de los resultados del aprendizaje:

  • Adaptar la metodología de evaluación de las competencias, contenidos, habilidades y destrezas.
  • La evaluación debería perfilarse más hacia una evaluación programática y continua.
  • Prevalecer un planteamiento de evaluación formativa de todas las actividades docentes que se realizan.
  • Diversificar las metodologías de evaluación aumentando su frecuencia y sus elementos de referencia.
  • Los principios, los métodos y las prácticas evaluadoras deben ser claramente compatibles con los objetivos educativos y deben promover el aprendizaje.
  • Se debe definir y explicitar los métodos utilizados para la evaluación, incluyendo los criterios para superar los exámenes.
  • La fiabilidad y validez de los métodos evaluativos deberían ser documentadas y valoradas.
  • El número y naturaleza de las pruebas de conocimiento debería evolucionar integrando la evaluación de elementos diversos del currículum para fomentar el aprendizaje integrado.

Dos claves

Se debe enmarcar el método científico y el método clínico, reflejados en comportamientos concretos del estudiante y del médico, como reveladores de los valores propios de la profesión. Por consiguiente, cobra especial relevancia la implantación de las mejores prácticas docentes en la enseñanza de dos áreas a lo largo del currículum.

Consideración final

Las universidades deben abordar la formación del profesorado en Medicina vinculada a su Marco de Desarrollo Profesional Docente (MDPD), en el contexto de políticas de calidad de la actividad docente y de los programas de evaluación y mejora; para ello, podrán hacerlo conforme al modelo DOCENTIA de ANECA.

Cabe subrayar la importancia de los equipos docentes que, desde una visión de conjunto de los programas formativos, coordinan la actividad docente asegurando su alineación con los objetivos de los planes de estudio. Para favorecer ese trabajo en equipo, algunas propuestas que pueden ser de utilidad son:

  • Se considera muy conveniente la existencia de Unidades de Educación Médica, estructuradas o no a partir de comisiones estatutarias de cada facultad.
  • Crear este tipo de unidad, permitiría un desarrollo académico individual y colectivo, así como un mayor y mejor acceso a los recursos de investigación educativa.
  • Es necesario facilitar la labor docente del profesorado.
  • El profesorado ha de ser consciente de que su preparación para la labor docente implica formación en técnicas y recursos educativos para adquirir las competencias propias del profesional de la docencia.

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