Autónomos

Un colectivo incomprendido, abandonado a su suerte y muchas veces maltratado. Es uno de los colectivos principales de la actividad laboral, profesional y empresarial. Todos tenemos cerca uno o varios autónomos: entre los familiares, entre los amigos, entre los vecinos…

Es un colectivo que se acerca a los 3,5 millones de personas y creciendo, fundamentalmente por las nefastas expectativas laborales diferentes a esta modalidad. La mayoría de los autónomos no se hacen por vocación, sino por necesidad. Y como la necesidad es obligación, no tienen opción.

¿Qué es un autónomo?

Es una persona que no tiene horario fijo. Puede estar trabajando a las 6 de la mañana, a las 10 de la noche o las 2 de la madrugada. Puede o debe trabajar cualquier día de la semana, de lunes a domingo. Un autónomo puede no tener vacaciones, o tenerlas cuando pueda, o de forma intermitente cuando las tiene. Cuando coge vacaciones, no cobra, aunque puede atender clientes o asuntos de trabajo durante dichas vacaciones a coste cero. Si no tiene trabajo, no cobra. Es decir, hora que no trabaja, hora que no cobra. Un día puede trabajar 15 horas y otro ninguna, su día a día es imprevisible. Sus horas de trabajo puede cobrarlas a precios rebajados o muy rebajados y el cobro de las facturas en plazos indefinidos. No tiene seguridad laboral alguna, depende de la oferta y la demanda. Si se queda sin trabajo de forma prolongada por circunstancias variopintas, se puede echar a temblar, porque el subsidio puede ser ínfimo y efímero después de hacer una yincana burocrática administrativa. Si tiene un accidente (laboral o no) puede echarse a llorar, de hecho, la mayoría no coge ni baja laboral salvo casos de extrema gravedad.

¿Cuánto gana un autónomo?

Desde 0 € hasta lo que le dé la resistencia y las horas que se quite de sueño y de atender sus otras obligaciones como padre, hijo, familiar, amigo o ciudadano. En casos excepcionales, un buen sueldo y en la inmensa mayoría de los casos, lo justo para ir sobreviviendo y poco más. En ambos, tanto excepcionales como mayoritarios, las expectativas de continuidad y seguridad no van más allá del mes en curso. Los meses siguientes, ni se piensan, quedan al albur del destino.

Hay que pensar un poquito (a ser posible, con la cabeza), antes de lanzar nuevas cuotas alarmantes con afán recaudatorio. La mala gestión no se corrige con más impuestos, se corrige con raciocinio. Las condiciones económicas y profesionales de los autónomos (en general) son muy, muy difíciles. No se puede ahogar más a este colectivo, que ya soporta unos impuestos más que razonables para lo que se le da a cambio.

José Luis Águeda

Editor

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