Tierra quemada

Estaría bien escuchar, leer, hablar o escribir y que todo el mundo estuviese de acuerdo con lo escuchado, leído, hablado o escrito. La realidad y la experiencia dice que, un porcentaje no va a estar de acuerdo en absoluto, otros parcialmente y otro va a estar de acuerdo totalmente.

Con los políticos pasa lo mismo. Podemos tener al mayor mentiroso, sinvergüenza y mamarracho de la historia como presidente del gobierno que siempre tendrá una clá fanática (comprada y/o aborregada) dispuesta a aplaudirle cualquier cosa que haga o diga, por nefasta que sea. Podemos tener al hombre más preparado, educado, honesto y honrado de la historia como presidente del gobierno que siempre habrá energúmenos fanáticos (comprados y/o aborregados) dispuestos a criticarle todo (incluso violentamente), aunque sea correcto lo realizado.

¿Por qué la objetividad es tan difícil? El mismo hecho, se puede ver de forma radicalmente diferente, dependiendo de quién lo vea o quién lo haga. De aquí el refrán de “Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Así ha sido, es y será hasta el fin de los días. La cultura y el conocimiento podrían ser un buen remedio contra esta anomalía cognitiva, pero quizás estemos corriendo alocadamente en sentido opuesto, aunque parezca lo contrario.

Estrategia de tierra quemada

Hay una táctica bélica que consiste en la estrategia de tierra quemada, es decir, arrasar y destrozar todo lo que se encuentra por el camino, ya en la retirada, porque todo se ha perdido. La intencionalidad de esta táctica no es otra que la de infringir el mayor daño posible al enemigo. Hay que ser muy malnacido, porque el destrozo es descomunal y repararlo cuesta mucho tiempo, esfuerzo y dinero.

De momento, estamos en periodo vacacional, disfrutemos. El curso que viene se avecina difícil, todos los agentes económicos vaticinan muchos problemas. Muchos colectivos van a estar más cerca del desastre que de la salvación y la presión fiscal aumenta por segundos porque la voracidad por destrozar es brutal e irracional, o quizás haya un plan magistral que no somos capaces de ver ni comprender. Cada vez más, todo me induce a pensar que una parte de los representantes políticos viven en un delirio colectivo que recuerda a las bacanales romanas.

Seguiremos viviendo en un mundo imaginario paralelo, que es lo que toca. ¡Felices vacaciones!

José Luis Águeda

Editor

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