12. Antivacunas, el origen del movimiento

La vacunación ha sido una de las medidas de salud pública que mayor impacto ha producido sobre la mortalidad y la morbilidad de la población infantil durante el siglo XX. Los programas de vacunación son uno de los grandes logros en salud pública. Gracias a ellas, se pueden prevenir hasta 17 enfermedades transmisibles. Pocas intervenciones médicas pueden igualarla, en términos de ahorro económico y calidad de vida.

El primer calendario nacional de vacunación en España se implantó en 1975. Aunque la vacunación masiva y sistemática comenzó en el año 1963 con las campañas frente a la poliomielitis. En 1965 se amplió con la vacunación frente a difteria, tétanos y tos ferina, y así se continuó durante catorce años hasta que en 1981 se introdujo una nueva vacuna frente al sarampión, la rubéola y la parotiditis.

Gracias al desarrollo y a la investigación en este campo actualmente se puede afirmar que las propiedades principales de una vacuna son seguridad y eficacia protectora.

Sin embargo, ya desde sus inicios, su éxito fue puesto en cuestión por parte de individuos y grupos con diversas motivaciones e intereses. Estos grupos han sido denominados “antivacunas”.

El movimiento antivacunas nació a la vez que lo hicieron las vacunas.

Tras el descubrimiento de la vacuna de la viruela, Inglaterra elaboró un programa de vacunación obligatoria, bajo pena de multa o cárcel. En este momento, comienzan las primeras protestas, alegando que el control estatal sobre el cuerpo es una invasión a la libertad individual.

Un reciente documento del Grupo de Bioética de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria concluye que “no hay argumentos suficientemente sólidos para interpretar la duda vacunal como un problema de ignorancia, de maltrato parental o de daño grave para la salud pública” en España. Pero el hecho es que los argumentos antivacunas circulan por internet globalizando la situación y cimentar este sentimiento en otros países con otras características sociosanitarias puede tener consecuencias diferentes.

Con el auge de las redes sociales (Instagram, Facebook, Twitter, YouTube), los argumentos antivacunas se están viralizando rápidamente entre sus usuarios. Existen “grupos antivacunas” que especulan y aportan información negativa sobre las vacunas, cuyas afirmaciones no están basadas en evidencias científicas. La web 2.0 puede convertirse en una buena herramienta de promoción de la salud, debido a su gran alcance y capacidad de interacción. Permiten al usuario participar de forma activa en su propio cuidado y tienen un gran valor en los grupos de apoyo y para compartir consejos.

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